"y ansí, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y torn
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra, 1605
Muchas veces los nombres marcan lo que sucederá a quienes los portan; la cita del Quijote nos señala (desde el inicio casi de nuestro idioma) lo importante de nombrar a las cosas de una forma que deje a las claras de qué se trata lo nombrado. Si vamos más allá, el propio Adán dio nombre a "toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo"; es decir, dio forma a lo que le rodeaba dándole un nombre.
Sabemos, sin embargo, que los nombres (más allá de su importancia para el conocimiento de la cosa) son total y absolutamente arbitrarios, como explicaba De Saussure, poniendo en marcha miles de años después la vieja discusión que planteaba Platón sobre esta dicotomía para nombrar lo que nos rodea.
Nosotros elegimos la no tan ancha avenida del medio, en la cual el nombre no nace con la esencia de la cosa, pero la adquiere con el tiempo y el uso. El ser humano no descubre los nombres verdaderos de las cosas (como creía Adán o el Quijote), pero tampoco se conforma con etiquetas frías y vacías (como decía Saussure). En esencia, somos creadores de metáforas que inventamos palabras por puro pacto social, para después llenarlas de poesía, de historia y de psicología hasta que el nombre y la cosa se vuelven imposibles de separar.
¿A qué viene toda esta disquisición pseudolingüística y filosófica?, pensará usted que lee atentamente hasta acá; pues tiene que ver con el reciente cambio de nombre del partido político que gobierna Misiones desde el 2003. Así es, el Frente Renovador de la Concordia (Partido de la Concordia Social o algún otro nombre, pero más conocido por su sobrenombre "la Renovación") ha cambiado su etiqueta a Encuentro Misionero.
Hace pocas horas, la Justicia Federal Electoral aceptó que la hasta ahora Renovación pase a denominarse como señalamos dos renglones arriba. Esto hace pensar varias opciones sobre este naming (como dirían los expertos en marketing).
Es que la "Renovación" ya no era una etiqueta fría (Saussure). Desde 2003 hasta hoy, el uso, la permanencia en el poder, la historia provincial y la psicología colectiva de los misioneros habían remotivado esa palabra. "La Renovación" ya no significaba el acto de renovar algo; era un sustantivo con peso propio, con una mística, una estructura y una identidad indisoluble de la cosa gobernante y de las personas que integraban la fuerza. Al cambiar abruptamente la etiqueta a Encuentro Misionero, se realizó un movimiento puramente arbitrario y convencional. El riesgo o la intención (ya lo veremos con el paso del tiempo) es que están vaciando el significante. Están cambiando un nombre que ya tenía "esencia" por uno que, de momento, vuelve a ser una etiqueta fría que la sociedad tendrá que empezar a llenar de significado desde cero.
Si usamos como base lo semántico (el sentido estricto del vocablo), la Renovación llevaba implícita en su nombre el cambio constante, el mirar hacia adelante, la utopía (como decía en algún momento un candidato). Al mutar a "Encuentro", el foco cambia por completo de la acción (renovar) al vínculo (encontrarse). ¿Querrá decir esto que no hay nada más para cambiar? ¿Que al buscar encontrarnos es porque estamos perdidos? ¿Que necesitamos los misioneros un punto de encuentro (como ante alguna situación de seguridad)? ¿Que la permanencia en el poder puso un sentido en la palabra Renovación de la cual se pretende despegar? Estos interrogantes y otros muchos aparecen y aparecerán, como si se tratase de un texto elaborado por una IA.
El mito fundacional del 2003 fue terminar con los capangas (en ese imaginario con protagonismo de Ramón Puerta) e intentar salir de la profunda crisis del 2001. Ahora, casi un cuarto de siglo después intentan, como Adán en el Génesis, dar forma a una nueva realidad política a través del bautismo. Queda ver si la ciudadanía acepta ese nuevo "pacto social" o si, en el habla cotidiana (como diría Saussure), el peso de la historia es más fuerte y la gente les seguirá diciendo "los renovadores", porque el nombre y la cosa ya se habían vuelto imposibles de separar.
Javier Adorno
Comentarios
Publicar un comentario