El gobierno sueco dio un volantazo drástico al archivar la digitalización en las aulas tras comprobar una caída en la comprensión lectora. La pantalla no reemplaza al cuerpo ni al libro en la aventura de aprender. Por Nora Merlin para Página 12 Durante más de una década, Suecia fue la utopía perfecta del progresismo tecnocrático global. El aula del futuro había llegado: las tablets reemplazaron a los manuales desde el jardín de infantes, la escritura a mano mutó en tipeo mecánico y las pantallas se convirtieron en el tamiz de todo conocimiento. Sin embargo, el laboratorio hiperconectado acaba de chocar contra la realidad de los hechos. Tras registrar caídas históricas en las pruebas internacionales de comprensión lectora, el Ministerio de Educación sueco aplicó una revisión estructural absoluta. La consigna actual es un retorno radical a lo analógico: reequipar las escuelas con libros de texto impresos, la restricción total de pantallas en menores de seis años...
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