Como cada 7 de junio los que ejercemos esta tarea recordamos nuestro día. Hay muchos otros periféricos, añadidos y adjuntados (el del periodista deportivo, el gráfico, etc.), pero este sería el central. El periodista es central en la historia de lo que comunica.
Moreno no fundó La Gazeta de Buenos Ayres para lograr likes o vistas sino para "dar a conocer los pensamientos de los hombres". Su revolución era de ideas, de pasiones y (sobre todo) de riesgo. Ese riesgo que hoy en apariencia representa la Inteligencia Artificial en las redacciones en este retruécano impensado en el cual el problema no es que las máquinas hayan aprendido a pensar como humanos sino que los periodistas estamos escribiendo como robots. Desde que apareció internet nos volvimos dependientes de la comodidad de la pantalla, poniendo datos y cambiando títulos para complacer a Google, olvidando que el periodismo se nutre de lo impredecible.
Ahí es donde la fantasía de la suplantación total se cae a pedazos. Una IA puede procesar todo el presupuesto nacional o la Ley Bases en un milisegundo, también transcribir un discurso de dos horas de forma impecable. Pero hasta ahora es ciega en lo esencial, en el mano a mano. Una IA no puede registrar si el funcionario esquivaba la mirada al responder, si transpiraba, tosía de nervios o tenía un tic porque no le gustaba la pregunta. No puede oler el barro de un barrio sin cloacas ni tiene la capacidad de conmoverse ante una madre que no llega a fin de mes, no ve el humo de los comedores ni siente el olor de la sangre. Mucho menos el calor de una manifestación a la que tu medio te manda a cubrir estando en contra de lo que piden (ahí donde vos sos la carne de cañón). El algoritmo carece de estómago, oído, vista, gusto, ética y de intuición, solo tiene probabilidades estadísticas. Nosotros tenemos calle.
Las redacciones, las producciones, se nutren diariamente de datos a los que hay que volverlos información, en eso la inteligencia artificial como herramienta es adecuada para disminuir los tiempos.(algo que seguramente hablaremos en otro momento, la necesidad de saber o tener todo ya), Toda esa tarea tiene y debe ser "manejada" por alguien que tenga como mínimo 46 cromosomas.
Esta fantasía de desaparición del periodista es una profecía que tiene ya 100 años sin cumplirse. Del diario a la radio, de la radio a la TV, de la televisión a los sitios web, de los sitios web a toda la amplia gama en la que se ha transformado el ecosistema on line; todos siempre tienen y deben tener la impronta de alguna persona.
Por eso, sustituir lo humano por lo automático es vaciar al oficio de su propia alma. Este 7 de junio el mejor homenaje que podemos hacerle a nuestra profesión es no escondernos de la tecnología sino recordar como una certeza absoluta que los bots podrán procesar el mundo pero solo los periodistas de carne y hueso somos capaces de sentirlo, sufrirlo y contarlo.
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