Los niños, las niñas y las mujeres de los pueblos migrantes están en situación de mayor vulnerabilidad
La Red Nacional de Promotoras y Asesoras Rurales de México, concretó con 16 organizaciones civiles y 3 centros académicos, un relevamiento que da cuenta del poco interés en los temas agropecuarios de ese país, y que debido a la compra a muy bajo precio de los productos, sumadoa la reducción de las remesas por la crisis en Estados Unidos, llevó a un deterioro alimentario que debilitó más los pobladores de ejidos y comunidades rurales.
Las mujeres atienden la parcela y los servicios de la comunidad, asumen más responsabilidades pero siguen bajo el control de los familiares varones, quienes les instruyen, por vía telefónica y a través de los suegros, qué hacer con los recursos, señala un informe que presentó la Red Nacional de Promotoras y Asesoras Rurales de México .
"Son las mujeres las que responsabilizan de pagar las deudas y usureros con intereses hasta de 500 por ciento anual y viven en la angustia por no saber de ellos por largas temporadas. Las que son madres solas dejan a los hijos con las abuelas. A la migración también se han sumado las mujeres jóvenes, quienes son más formales en hacer llegar constantemente el dinero para gastos médicos y escolares", explica
Annabelle Sulmont, Coordinadora del Area de Investigación Aplicada de la Asociación Mexicana de Uniones de Crédito del Sector Social (AMUCSS), quien agrega: "comenta que las mujeres reciben órdenes por vía telefónica para pagar. La prioridad es construir la casa, el campo pasó a un segundo o tercer lugar en las expectativas de las familias, cuyos varones emigraron.”
La encuesta que realizó la asociación Investigación en Salud y Demografía (Insad), en coordinación con AMUCSS, en poblaciones rurales de Guerrero, Oaxaca y Puebla, revela que hay una migración de mujeres de 20 a 39 años por motivos laborales, las que quedan siembran, crían animales en el traspatio, se dedican a la caza, pesca, recolección, artesanías, son comerciantes o jornaleras.
“Ante la falta de rentabilidad en las actividades agrícolas buscan otras perspectivas. Dejó de existir la motivación e interés por cultivar la tierra como vía de ingreso principal. La tendencia es poner una pequeña tienda de abarrotes”, dice Sulmont.
En Guerrero, Oaxaca y Puebla, las mujeres en las comunidades rurales más alejadas de las cabeceras municipales conservan los animales de traspatio, cerdos, guajolotes, gallinas, como una forma para mantener los ingresos y ante la posibilidad de no recibir dinero de las remesas. Son altamente vulnerables porque no saben dónde está el esposo o los hijos. La mayor seguridad son los animales, los cuales venden en casos de emergencia. Pese a esa incertidumbre, son ellas las que más ahorran y preservan. Emigrar ya no es solamente una necesidad, se ha vuelto también un acto de prestigio social. A los 10 años, los niños ya no piensan en estudiar sino en irse a Nueva York o a Los Ángeles; el trabajo de la tierra ya no es el objetivo.
Para estas mujeres, labrar la tierra es una actividad difícil, pues carecen del acceso a los beneficios de los programas gubernamentales por no ser las titulares de las parcelas. Las remesas remplazan los créditos y por tanto no hay proyectos productivos sólidos, los pocos que existen son casos aislados y no son representativos frente a la realidad. En las comunidades de esos estados, la gente más pobre es la que trabaja la tierra pero para autoconsumo. Es su única oportunidad de tener alimento. No se les puede comparar con los agricultores de Sonora o Sinaloa.
La encuesta de Insad y AMUCSS indica que en tres de cada diez hogares en las comunidades rurales no hay presencia ni del padre ni de la madre de los niños, en esos casos el porcentaje de remesas es más elevado que en otros hogares donde está alguno de los padres. En esas comunidades, donde la tierra es productiva, ha dejado de sembrarse maíz, frijol, calabaza, café, jamaica, caña de azúcar, sandía, ajo, diversas variedades de chile y tomate, porque la actividad agrícola no es redituable, pero más de la mitad de los hogares poseen aves para su crianza y cuidado. Hay una reducción continuada de la fecundidad y un aumento en la sobrevivencia en edades avanzadas.
En los hogares encabezados por mujeres, el comercio tiene un peso relevante como actividad principal y le sigue la cría de animales de traspatio. La venta de la tierra es un problema que preocupa a las mujeres. “El tema es difícil para ellas, pues la mayoría de la superficie es propiedad de sus esposos, quienes son los dueños legales y son ellos los que deciden”, apunta la Red Nacional de Promotoras y Asesoras Rurales. “Cada vez es más difícil mantener la tierra y en especial para las mujeres. Hay familias que venden sus parcelas para poder pagar los costos de la emigración a Estados Unidos. En otros casos, los ganaderos y los narcos se están apropiando en forma violenta de las tierras y hay maridos que venden la tierra y se van dejando a las mujeres y a los hijos sin nada.”
Las mujeres representan 25 por ciento de los 4.5 millones de los titulares de la tierra, pero el acceso a los recursos gubernamentales no se acerca a los que reciben los hombres. Ellas reciben fundamentalmente los beneficios de Oportunidades y ellos los de Procampo. “Para ellas hay más exigencias, no se les ve como personas, sino como familia. No hay interés por eliminar sus problemas, como reducir su jornada de trabajo, que es de 14 a 18 horas; que no sean víctimas de violencia, combatir sus enfermedades y otras necesidades”.
La Secretaría de la Reforma Agraria, por medio del programa de la mujer del sector agrario, ha estimulado la organización de las mujeres. De 2004 a 2009 recibió 60 mil 302 proyectos, de los cuales sólo respaldó 23 mil 849 con 3.5 mil millones de pesos para beneficio de 174 mil 692 socias. Es un plan pequeño, que tiene un límite de 125 mil pesos de respaldo por proyecto. Es el beneficio más directo al que tienen acceso.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en el estudio Perfil del México rural, apunta que la fuerte migración de los jóvenes ocasionó la feminización de la población rural, principalmente en Nuevo León, Zacatecas, Tamaulipas, Jalisco, Durango, San Luis Potosí, Oaxaca, donde las remesas se han convertido en fuente de ingreso de los hogares.
(Infancia Hoy)
Las mujeres atienden la parcela y los servicios de la comunidad, asumen más responsabilidades pero siguen bajo el control de los familiares varones, quienes les instruyen, por vía telefónica y a través de los suegros, qué hacer con los recursos, señala un informe que presentó la Red Nacional de Promotoras y Asesoras Rurales de México .
"Son las mujeres las que responsabilizan de pagar las deudas y usureros con intereses hasta de 500 por ciento anual y viven en la angustia por no saber de ellos por largas temporadas. Las que son madres solas dejan a los hijos con las abuelas. A la migración también se han sumado las mujeres jóvenes, quienes son más formales en hacer llegar constantemente el dinero para gastos médicos y escolares", explica
Annabelle Sulmont, Coordinadora del Area de Investigación Aplicada de la Asociación Mexicana de Uniones de Crédito del Sector Social (AMUCSS), quien agrega: "comenta que las mujeres reciben órdenes por vía telefónica para pagar. La prioridad es construir la casa, el campo pasó a un segundo o tercer lugar en las expectativas de las familias, cuyos varones emigraron.”
La encuesta que realizó la asociación Investigación en Salud y Demografía (Insad), en coordinación con AMUCSS, en poblaciones rurales de Guerrero, Oaxaca y Puebla, revela que hay una migración de mujeres de 20 a 39 años por motivos laborales, las que quedan siembran, crían animales en el traspatio, se dedican a la caza, pesca, recolección, artesanías, son comerciantes o jornaleras.
“Ante la falta de rentabilidad en las actividades agrícolas buscan otras perspectivas. Dejó de existir la motivación e interés por cultivar la tierra como vía de ingreso principal. La tendencia es poner una pequeña tienda de abarrotes”, dice Sulmont.
En Guerrero, Oaxaca y Puebla, las mujeres en las comunidades rurales más alejadas de las cabeceras municipales conservan los animales de traspatio, cerdos, guajolotes, gallinas, como una forma para mantener los ingresos y ante la posibilidad de no recibir dinero de las remesas. Son altamente vulnerables porque no saben dónde está el esposo o los hijos. La mayor seguridad son los animales, los cuales venden en casos de emergencia. Pese a esa incertidumbre, son ellas las que más ahorran y preservan. Emigrar ya no es solamente una necesidad, se ha vuelto también un acto de prestigio social. A los 10 años, los niños ya no piensan en estudiar sino en irse a Nueva York o a Los Ángeles; el trabajo de la tierra ya no es el objetivo.
Para estas mujeres, labrar la tierra es una actividad difícil, pues carecen del acceso a los beneficios de los programas gubernamentales por no ser las titulares de las parcelas. Las remesas remplazan los créditos y por tanto no hay proyectos productivos sólidos, los pocos que existen son casos aislados y no son representativos frente a la realidad. En las comunidades de esos estados, la gente más pobre es la que trabaja la tierra pero para autoconsumo. Es su única oportunidad de tener alimento. No se les puede comparar con los agricultores de Sonora o Sinaloa.
La encuesta de Insad y AMUCSS indica que en tres de cada diez hogares en las comunidades rurales no hay presencia ni del padre ni de la madre de los niños, en esos casos el porcentaje de remesas es más elevado que en otros hogares donde está alguno de los padres. En esas comunidades, donde la tierra es productiva, ha dejado de sembrarse maíz, frijol, calabaza, café, jamaica, caña de azúcar, sandía, ajo, diversas variedades de chile y tomate, porque la actividad agrícola no es redituable, pero más de la mitad de los hogares poseen aves para su crianza y cuidado. Hay una reducción continuada de la fecundidad y un aumento en la sobrevivencia en edades avanzadas.
En los hogares encabezados por mujeres, el comercio tiene un peso relevante como actividad principal y le sigue la cría de animales de traspatio. La venta de la tierra es un problema que preocupa a las mujeres. “El tema es difícil para ellas, pues la mayoría de la superficie es propiedad de sus esposos, quienes son los dueños legales y son ellos los que deciden”, apunta la Red Nacional de Promotoras y Asesoras Rurales. “Cada vez es más difícil mantener la tierra y en especial para las mujeres. Hay familias que venden sus parcelas para poder pagar los costos de la emigración a Estados Unidos. En otros casos, los ganaderos y los narcos se están apropiando en forma violenta de las tierras y hay maridos que venden la tierra y se van dejando a las mujeres y a los hijos sin nada.”
Las mujeres representan 25 por ciento de los 4.5 millones de los titulares de la tierra, pero el acceso a los recursos gubernamentales no se acerca a los que reciben los hombres. Ellas reciben fundamentalmente los beneficios de Oportunidades y ellos los de Procampo. “Para ellas hay más exigencias, no se les ve como personas, sino como familia. No hay interés por eliminar sus problemas, como reducir su jornada de trabajo, que es de 14 a 18 horas; que no sean víctimas de violencia, combatir sus enfermedades y otras necesidades”.
La Secretaría de la Reforma Agraria, por medio del programa de la mujer del sector agrario, ha estimulado la organización de las mujeres. De 2004 a 2009 recibió 60 mil 302 proyectos, de los cuales sólo respaldó 23 mil 849 con 3.5 mil millones de pesos para beneficio de 174 mil 692 socias. Es un plan pequeño, que tiene un límite de 125 mil pesos de respaldo por proyecto. Es el beneficio más directo al que tienen acceso.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en el estudio Perfil del México rural, apunta que la fuerte migración de los jóvenes ocasionó la feminización de la población rural, principalmente en Nuevo León, Zacatecas, Tamaulipas, Jalisco, Durango, San Luis Potosí, Oaxaca, donde las remesas se han convertido en fuente de ingreso de los hogares.
(Infancia Hoy)

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