Jangadero, tu destino por el río es derivar"
Canción del Jangadero, Ramón Ayala
Por Javier Adorno
Navegar en aguas turbulentas fue una de las máximas sensaciones que tuvo desde sus orígenes el Frente Renovador. Nació, al fin y al cabo, no como un transatlántico blindado, sino como una jangada, un ensamble de troncos atados con el alambre de la necesidad, el pragmatismo y la audacia, diseñado en 2003 para cruzar la tormenta de una época rota y domar la correntada que se llevó gobiernos desde el 2001. Sin embargo, cualquier jangada que pasa más de dos décadas desafiando la fuerza del río se enfrenta, tarde o temprano, al desgaste de sus materiales y a una pregunta que hace a su propia identidad.
En la antigua Grecia, Plutarco relataba la paradoja del Barco de Teseo preguntándose si a una embarcación se le van cambiando uno a uno sus maderos viejos a medida que se gastan, al cabo del tiempo, cuando ya no queda una sola pieza original, ¿sigue siendo el mismo barco? No voy aquí a hacer una digresión y decir quién era Teseo o cómo se llamaba el barco (el Argos, con los mayores héroes griegos de la época preclásica). Eso queda como tarea del lector, que siempre es el que completa el texto; sobre todo usted, que sabe mucho sobre todo y no se queja sobre la longitud del texto o la utilización de palabras que en apariencia son difíciles en este contexto, tan acostumbrado a videos de 30 segundos donde se dice cualquier cosa sin sustento con tal de ser viralizado. Así que no me saldré de la línea trazada y no me iré por las ramas.
Volviendo a Teseo y su barco, la pregunta está en el aire desde el mes de mayo sobre las aguas de la política provincial con la mutación hacia el Frente Encuentro Misionero (FEM). El oficialismo se encuentra en pleno recambio de sus troncos históricos. El cambio de nombre, el lenguaje tecnológico, las nuevas estéticas y la urgencia por sintonizar con la época actual representan el reemplazo de las tablas gastadas por maderas nuevas. Es la necesidad de adaptarse para que la fuerte correntada de la coyuntura nacional no hunda la estructura, jurando, desde el timón, que la esencia misionerista sigue intacta.
Si bien decía líneas arriba que no iba a complejizar más el texto —que al fin y al cabo es un tejido de sentidos que nos va llevando hacia un desenlace—, unos 1800 años después de Plutarco el que quiso hacer las cosas más difíciles fue Thomas Hobbes, quien a la paradoja del barco le sumó una trampa que hoy encaja a la perfección en la geografía política misionera: ¿qué pasa si alguien junta los troncos viejos que se fueron soltando de la jangada original y arma con ellos otra balsa? ¿Cuál de las dos es la verdadera?
Es bajo la visión de Hobbes donde cobra sentido la conformación del espacio referenciado en Hugo Passalacqua y el "Movimiento por lo que viene". Mientras el FEM se viste con las ropas de la modernidad y el recambio generacional para el nuevo clima de época, el nuevo esquema de Passalacqua agrupa la fibra, el territorialismo, el cara a cara con el colono y la mística fundacional que le dio cuerpo al proyecto desde el primer día. Son los intendentes, la militancia de base y la vieja guardia que se resisten a quedar a la deriva.
Ya no estamos ante una simple reorganización de nombres o cargos. Es el dilema hobbesiano en su máxima expresión dos embarcaciones que reclaman haber nacido de los mismos árboles de la selva misionera, disputándose la representación de un mismo origen.
Al final del día, al misionero que mira pasar la corriente desde la orilla no le desvelan los debates filosóficos sobre la materia y la identidad. Su única urgencia es saber cuál de las dos balsas está mejor atada, cuál resistirá los vaivenes del río y cuál tiene la fuerza necesaria para seguir derivando en estas aguas que nunca dan tregua.
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